Emily Ratajkowski tiene una relación con Mallorca que va más allá del turismo de temporada. La modelo y actriz neoyorquina vuelve a la isla cada vez que puede, y esta vez no ha hecho ningún esfuerzo por disimularlo: sus últimas imágenes en Instagram arrancan con una frase que lo dice todo — «back on my favorite island (mallorca!) and trying out some new ones too (??)!» — y una selección de fotografías que convierten Cala Deià en el escenario indiscutible del verano.
Lo que publica Ratajkowski no es contenido de marca ni colaboración patrocinada al uso. Es, o al menos lo parece, afecto genuino por un rincón de la Sierra de Tramontana que lleva años resistiendo la masificación precisamente porque el acceso no invita a la improvisación.
CALA DEIÀ: EL RINCÓN QUE REPITE EN SU FEED
Cala Deià no es una playa de arena fina ni de chiringuitos con lista de espera. Es una cala de cantos rodados al pie de los acantilados de la Tramontana, con el agua de un azul que bordea lo inverosímil y una calma que cuesta encontrar en la costa mallorquina en pleno julio. Llegar requiere bajar a pie por una carretera estrecha que serpentea entre encinas y olivos, lo cual, paradójicamente, la ha mantenido a salvo de la saturación que afecta a otras calas del norte de la isla.
Ratajkowski ya la había visitado antes. Y la ha vuelto a elegir. Eso, en el lenguaje de alguien con los recursos para ir a cualquier parte, dice algo.
En las imágenes, la modelo luce varios bikinis de colores vivos —tono coral, turquesa, estampados que contrastan con el verde oscuro de la montaña— mientras el fondo ofrece lo que ningún filtro puede mejorar: la roca, el pino, el mar transparente. La Tramontana como atrezo natural de primer orden.
EL POSADO EN LA RESIDENCIA Y EL SUSTO QUE CASI ESTROPEA TODO
Pero si hay una imagen de la serie que concentra miradas, es la que Emily Ratajkowski protagoniza frente al hotel La Residencia, el establecimiento de lujo enclavado en Deià que desde los años ochenta ha funcionado como imán para artistas, escritores y, con el tiempo, para una élite que prefiere la discreción a la ostentación.
Allí, enfundada en un vestido rojo de rejilla —transparente, ceñido, de esos que exigen plena confianza en uno mismo—, la modelo posó para lo que debía ser una fotografía más de la serie. Lo que siguió, según se desprende del contexto de las imágenes, estuvo a punto de convertirse en un accidente. Los detalles exactos quedan en el terreno de lo anecdótico —y no hay declaración verificada que los precise—, pero el resultado final es una foto que sobrevive al susto y que acaba siendo, quizá por eso, la más comentada del álbum.
La Residencia, por su parte, es un escenario que se defiende solo. Construido en una antigua finca del siglo XVI rehabilitada con criterio, acumula décadas de historia ligada a nombres como Robert Graves, que vivió y murió en Deià, o Richard Branson, que llegó a ser propietario del establecimiento. Que Ratajkowski elija ese encuadre no es casual.
LO QUE MALLORCA OFRECE QUE OTROS DESTINOS NO TIENEN
La frase de la modelo —«trying out some new ones too (??)»— confirma que Grecia también está en el itinerario. La comparación es inevitable, y no porque una supere a la otra, sino porque revela algo sobre cómo ciertos viajeros construyen su verano: buscando lugares que todavía conservan algo difícil de cuantificar.

Mallorca, en ese sentido, resiste. El norte de la isla —el corredor que va desde Sóller hasta Pollença pasando por Deià, Valldemossa y Fornalutx— mantiene una identidad propia que la presión turística ha erosionado en otros puntos del Mediterráneo pero no ha logrado borrar aquí. La Tramontana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2011, actúa como barrera natural y cultural al mismo tiempo.
Que una figura con la proyección mediática de Ratajkowski lo elija, lo repita y lo publique no es un dato menor para el posicionamiento de la isla. Es publicidad espontánea con un alcance que ninguna campaña institucional puede replicar.









