Paulo Nazareth + Lorna Simpson

Interior de una galería de arte en Venecia con obras de Jenny Saville

El edificio de Punta della Dogana es uno de los ejemplos más celebrados de reconversión arquitectónica contemporánea en Europa. Situado en la punta triangular del barrio de Dorsoduro, justo donde el Gran Canal se abre hacia la laguna de San Marcos, fue durante siglos la antigua aduana marítima de la República de Venecia, llamada Dogana da Mar. Su ubicación no es casual. Era literalmente la puerta comercial de la ciudad y hoy punto obligatorio de turistas buscando la mejor postal panorámica.

Construido originalmente entre 1678 y 1682 por el arquitecto Giuseppe Benoni, el complejo estuvo abandonado durante décadas hasta que el magnate François Pinault, propietario del Grupo Kering y uno de los mayores coleccionistas de arte contemporáneo del mundo, obtuve en 2007 la concesión por parte del Ayuntamiento de Venecia. Pinault ya había adquirido el cercano Palazzo Grassi y quería crear en la ciudad un gran polo internacional de arte contemporáneo.

Fue así como Pinault encargó la restauración de Punta della Dogana al arquitecto japonés Tadao Ando, premio Pritzker y uno de los maestros del minimalismo contemporáneo. Desde su reapertura en 2009, el espacio se convirtió en la sede más experimental de la Pinault Collection, con inclinaciones hacia lo atmosférico y lo conceptual. 

Es precisamente en este espacio donde el público puede visitar la doble exposición de los artistas Paulo Nazareth y Lorna Simpson. Se trata de dos propuestas ambiciosas dentro de la programación que la ciudad ofrece en el marco de la 61ª edición de la Bienal Internacional de Arte de Venecia, abiertas hasta el 22 de noviembre de este año. 

LORNA SIMPSON: THIRD PERSON

La muestra comisariada por Emma Lavigne, es probablemente la exposición museística más importante dedicada a Lorna Simpson en Europa en más de una década. Reúne alrededor de cincuenta obras entre pinturas, collages, escultura, video e instalaciones, poniendo el foco en su trabajo pictórico reciente. Este enfoque es relevante debido a que la artista sigue siendo asociada principalmente a su fotografía conceptual de los años ochenta y noventa. 

El recorrido está construido alrededor de temas que atraviesan toda su carrera, como la representación del cuerpo negro, la construcción de la identidad femenina, la memoria histórica y la fragilidad de la imagen. Pero en esta ocasión la artista abandona parcialmente la frontalidad política de sus primeras fotografías y se desplaza hacia un terreno más atmosférico, ambiguo y psicológico. 

Simpson desarrolla paisajes helados y composiciones en azules profundos, donde rostros femeninos aparecen suspendidos entre hielo, niebla y vacío. Utiliza archivos fotográficos antiguos de expediciones polares, revistas afroamericanas o imágenes encontradas para transformarlos en escenas casi fantasmales, con un resultado entre sueño, ciencia ficción y melancolía histórica. 

La relación con Venecia funciona en relación a sus imágenes de agua, hielo y desintegración visual, que dialogan con la propia ciudad que se cuela por las ventanas del edificio, constantemente amenazada por el deterioro y el hundimiento. El montaje es espacialmente inteligente. El minimalismo brutalista de Tadao Ando favorece la monumentalidad silenciosa de las obras. Ni compite con ellas ni las devora. Las deja respirar. Todo aquello potencia una sensación en el espectador de extrañeza y suspensión temporal que domina toda la muestra.

PAULO NAZARETH: ÁLGEBRA

Hombre con rostro cubierto de nubes de algodón en blanco y negro
Un hombre con el rostro cubierto de nubes de algodón, simbolizando la vulnerabilidad en el arte.

En la planta superior de Punta della Dogana se presenta Álgebra, dedicada a Paulo Nazareth y curada por Fernanda Brenner. Se trata de una muestra radicalmente distinta a la Simpson, más física, más política y deliberadamente incómoda. Y es que Nazareth trabaja desde hace años sobre los temas del colonialismo, raza, migración y memoria esclavista. Su práctica artística nace muchas veces del desplazamiento físico. Nazareth ha recorrido América y África caminando, a menudo descalzo, como forma simbólica de reconectar con los trayectos de los cuerpos esclavizados. Esa idea del viaje como performance permanente atraviesa toda la exposición.

El título Álgebra proviene del término árabe al-jabr, relacionado con “recomponer huesos rotos”. Y justamente esa es la lógica de esta muestra, es decir, intentar reconstruir fragmentos históricos quebrados por la violencia colonial. Hay sal extendida y serpenteante por todo el espacio expositivo como una interminable culebra, referencias a barcos negreros, mapas alterados, objetos encontrados y obras que parecen operar más como huellas que como esculturas tradicionales. 

Nazareth evita en su montaje la solemnidad museística clásica. Sus obras parecen precarias, inacabadas o incluso improvisadas, y esa fragilidad parece ser parte central de su discurso. Funciona como un archivo de desplazamientos, de heridas y constante supervivencia. Existe una dimensión performativa constante, incluso cuando no está presente físicamente, parece haber dejado rastros corporales por todo el edificio. 

El hecho de presentar este montaje en el edificio añade una capa histórica al haber sido una aduana comercial, dedicada al control y circulación de mercancías. Nazareth convierte ese pasado en un comentario directo sobre comercio colonial, circulación forzada de cuerpos y economías de explotación. 

Ambas propuestas de Simpson y Nazareth son muy distintas pero a su vez complementarias, dialogan entre sí. Mientras Simpson trabaja desde la imagen, el archivo y la ambigüedad visual, Nazareth lo hace desde el cuerpo, el trayecto y la herida histórica. Ella construye atmósferas silenciosas y él introduce tensión material y política. En el fondo, ambos hablan de memoria, desplazamiento y de cómo la historia permanece inscrita en los cuerpos y los paisajes. No son exposiciones agradables, sino más bien tristes, que golpean a palma abierta el glamour y a veces la superficialidad de la actual realidad veneciana. Sin embargo, son muestras sólidas que nos invitan a una reflexión silenciosa sobre atrocidades que aún persisten en nuestro mundo convulso.