Marjane Satrapi muere a los 56 años: la mujer que dibujó lo que los regímenes prefieren que no se cuente

La autora de Persépolis, una de las novelas gráficas más influyentes del siglo XXI y voz iraní más reconocida en Occidente, ha muerto este 4 de junio a los 56 años. Sus allegados afirman que nunca se recuperó de la pérdida de su marido, fallecido en abril de 2025.
Ilustración de Marjane Satrapi en su obra Persépolis
Marjane Satrapi, autora de Persépolis, falleció a los 56 años. Su obra es un testimonio del Irán contemporáneo.

Sus allegados comunicaron hoy que Marjane Satrapi había muerto «de pena poco más de un año después de la muerte de Mattias Ripa, su marido y el amor de su vida». El productor y guionista Ripa había fallecido el 8 de abril de 2025. No hubo enfermedad declarada, no hubo accidente. Hubo, según quienes la conocían, una decisión silenciosa de no seguir. Tenía 56 años.

LA NIÑA DE TEHERÁN QUE APRENDIÓ A DIBUJAR EL MIEDO

Marjane Satrapi nació en Rasht, Irán, el 22 de noviembre de 1969, en el seno de una familia de talante progresista que la envió a estudiar al Liceo Francés de Teherán hasta que las autoridades islámicas surgidas de la revolución de 1979 suprimieron los colegios bilingües. Su familia simpatizaba con la revolución antes de que esta se convirtiera en otra cosa. Luego vivieron sus consecuencias.

Satrapi creció en Teherán en una familia vinculada a movimientos comunistas y socialistas antes de la Revolución Iraní. Fue testigo, de niña, de la creciente supresión de las libertades civiles, de la caída del Sha, del régimen temprano de Jomeini y de los primeros años de la guerra Irán-Irak. Vivió un ataque aéreo iraquí y los misiles Scud sobre Teherán. Todo eso acabaría en las páginas de Persépolis.

En 1984, con 14 años, sus padres la enviaron a Viena. Luego volvió a Teherán. Luego se marchó de nuevo, esta vez a Francia, definitivamente. Estudió en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo y se instaló en París. Obtuvo la nacionalidad francesa en 2006. Pero nunca dejó de ser iraní de la manera que importa: en el argumento.

PERSÉPOLIS: EL CÓMIC QUE ENTRÓ EN LOS COLEGIOS Y EN LOS JUZGADOS

Satrapi es uno de los nombres más prominentes del cómic internacional, autora de lo que muchos consideran una de las mejores novelas gráficas jamás publicadas: Persépolis (2000), una historia autobiográfica que narra su infancia y adolescencia en Irán.

Lo que hace Persépolis distinto no es la denuncia —hay muchas denuncias— sino la escala. Satrapi no habla del régimen. Habla de su abuela. De lo que significaba ponerse el velo a los diez años. De la fiesta de cumpleaños en la que se bebía vino en secreto mientras fuera pasaba la guardia revolucionaria. El trazo en blanco y negro —deliberadamente tosco, deliberadamente sin glamour— convertía lo político en íntimo y lo íntimo en político.

La obra fue prohibida en varios países y retirada de bibliotecas escolares en Estados Unidos. El reconocimiento masivo llegó en 2007, cuando la obra fue adaptada al cine, codirigiendo ella misma junto al francés Vincent Paronnaud. La película logró el Premio del Jurado del Festival de Cannes y consiguió una nominación en los Oscar.

UNA CARRERA QUE NO SE DETUVO EN EL ÉXITO

Más allá de Persépolis, su filmografía incluye Pollo con ciruelas, La Bande des Jotas, Las voces y Radioactive, esta última sobre Marie Curie. Su última película, Dear Paris, se estrenó en Francia en junio de 2024. Era una comedia negra sobre la muerte.

En 2023 coordinó el libro Femme, vie, liberté junto a diecisiete autores de cómic —entre ellos los españoles Patricia Bolaños y Paco Roca— para ilustrar las revueltas ocurridas en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini en 2022. La versión en persa del libro se distribuyó gratuitamente en internet para que llegara a Irán.

En 2024 fue elegida miembro de la Academia Francesa de Bellas Artes y recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

En 2025 rechazó la Legión de Honor francesa en protesta por la hipocresía del país en sus relaciones con Irán. Fue su último gesto público de importancia.

EL PROBLEMA REAL NO ES LA PÉRDIDA. ES EL SILENCIO QUE DEJA.

Satrapi era de esa categoría escasa de artistas cuya muerte no solo cierra una carrera sino que clausura una función específica: la de hablar de una realidad que el propio país afectado no puede narrar desde dentro. Nadie con su alcance, su credibilidad y su capacidad de traducir lo iraní para una audiencia occidental ha ocupado ese espacio. Y el régimen de Teherán sigue en pie.

Con Persépolis sorprendió y educó a una generación poco habituada a las viñetas y que veía Irán y la lucha de sus mujeres como algo muy lejano. Eso es lo que hacen los grandes libros: acortan distancias que la política no puede o no quiere acortar.

Murió, dicen los suyos, de tristeza. Que eso se pueda decir de alguien —y que suene verdadero— ya dice mucho de cómo vivió.