París volvió a detenerse ante uno de esos momentos en los que la historia y el presente de la moda se encuentran. Bajo las bóvedas del Grand Palais, la casa Chanel presentó una colección que mira hacia adelante sin olvidar el espíritu de su fundadora. El segundo ready-to-wear de Matthieu Blazy para la maison francesa confirma un nuevo rumbo creativo que dialoga constantemente con su legado.
En Chanel, el segundo desfile ready-to-wear de Matthieu Blazy ha dejado un mensaje claro: reconectar la casa con la idea original de Coco Chanel. En una industria donde los cambios creativos suelen venir acompañados de rupturas estéticas, Blazy parece haber optado por un camino diferente: reconstruir desde la memoria.
El diseñador recuperó para este desfile una frase que la fundadora de la maison pronunció en los años cincuenta durante una conversación con Le Figaro: “Necesitamos vestidos que se arrastren y vestidos que vuelen, porque la mariposa no va al mercado y la oruga no va al baile.” Esa idea resume perfectamente la visión de Chanel sobre la moda: elegancia y funcionalidad coexistiendo en un mismo lenguaje.
No es casual que el desfile se celebrara en el Grand Palais, transformado para la ocasión en un gigantesco sitio de construcción. Grúas de colores, estructuras metálicas y una escenografía industrial sugerían un mensaje evidente: Chanel está construyendo algo nuevo.






Siluetas que miran a los años veinte
Una de las claves más comentadas de la colección fue la reinterpretación de las siluetas de los años veinte. Blazy propone una cintura más baja y una línea alargada, relajada, casi fluida, que recuerda al espíritu liberador de aquella década.
Las modelos caminaron con prendas que parecían deslizarse sobre el cuerpo, alejándose de la rigidez y recuperando esa ligereza tan asociada al ADN de la casa. Era una silueta elegante, pero también moderna, que conecta con la mujer contemporánea sin perder la referencia histórica.
Este diálogo con el pasado no se siente nostálgico, sino estratégico. Blazy parece entender que el futuro de Chanel no pasa por romper con su legado, sino por reinterpretarlo con inteligencia.
Los códigos clásicos de la maison
Por supuesto, la colección no podía olvidar los códigos más reconocibles de la casa. En la pasarela aparecieron los icónicos trajes de falda negros con sus característicos botones dorados, piezas que siguen siendo una de las firmas visuales más poderosas de la moda.
El tweed uno de los tejidos más emblemáticos de la maison también fue protagonista, aunque reinterpretado con una mirada contemporánea. En algunos looks aparecía con efectos ópticos que transformaban la percepción del tejido, logrando que pareciera casi otro material.
El resultado era un equilibrio entre tradición y modernidad: Chanel seguía siendo Chanel, pero con una energía renovada.
Entre lo deportivo y lo delicado
La colección también introdujo un giro más actual con chaquetas de inspiración deportiva, aportando un aire fresco y dinámico al conjunto de la propuesta.
A su lado convivían vestidos lenceros de terciopelo bordado, piezas que jugaban con la sensualidad y la delicadeza del tejido. Otros looks exploraban un terreno más experimental: vestidos brillantes con efecto de malla metálica o superficies bordadas con paillettes de nácar directamente tejidas en la tela.
La mezcla de texturas tweed, terciopelo, bordados, superficies brillantes reforzaba la idea de una colección rica en contrastes, donde lo clásico y lo contemporáneo dialogan constantemente.





Un final muy Chanel
El desfile terminó con un gesto cargado de simbolismo. La última modelo apareció con un little black dress de jersey extremadamente simple. La espalda, completamente abierta, dejaba suspendida una camelia entre los omóplatos.
La flor uno de los emblemas históricos de la casa flotaba casi como una escultura, cerrando el desfile con un momento silencioso y elegante.
Chanel abre un nuevo capítulo con Laura Ponte en la pasarela
Entre los momentos más comentados del desfile estuvo también la aparición de la modelo española Laura Ponte sobre la pasarela.
La gallega, una de las grandes supermodelos de los años noventa llegó a ser la tercera mejor pagada del mundo vive hoy una segunda edad dorada profesional. Tras años alejada del ritmo frenético de las pasarelas, ha vuelto a conquistar la industria trabajando con diseñadores como Phoebe Philo o protagonizando campañas para firmas como Versace.
Su debut para Chanel tuvo algo de gesto simbólico. Ponte desfiló con la naturalidad que siempre la ha definido, llevando un conjunto de dos piezas de tweed semitransparente que reinterpretaba uno de los códigos más reconocibles de la casa. Su presencia en la pasarela también reafirma uno de los discursos que defiende desde hace años: una belleza real, libre de artificios y de retoques.
En la primera fila, otra española seguía cada paso con atención. La actriz Penélope Cruz, embajadora de la maison, viajó a París para ocupar su lugar en el front row. Sentada entre la estrella del pop Dua Lipa con quien no dudó en hacerse varios selfies y la actriz británica Claire Foy Cruz fue testigo de uno de los momentos más comentados del desfile.
La primera fila reunía además a grandes nombres del cine y la cultura como Nicole Kidman y Tilda Swinton, confirmando que el debut de Blazy al frente de la alta costura de Chanel era uno de los eventos imprescindibles de la semana de la moda parisina.
Cuando Chanel conecta con la memoria
Más allá de la pasarela, hay algo en esta colección que despierta recuerdos personales. Cada vez que veo las imágenes del desfile de Matthieu Blazy en internet ya que aún no he tenido la oportunidad de asistir a uno siento esa mezcla de admiración y deseo que la moda provoca cuando realmente nos toca.
Sería uno de mis sueños poder vivir algún día la experiencia completa de un desfile de Chanel. De momento, me conformo con algo que también forma parte del ritual de la maison: entrar en sus tiendas y descubrir sus piezas.
Todavía recuerdo mi primer producto de Chanel. Tenía 19 años y compré mi primer labial rojo. Aquel gesto aparentemente simple tenía un significado muy especial para mí: me recordó inmediatamente a mi abuela, que siempre tenía un labial rojo de Chanel en su mesita de noche.
Ese momento creó una conexión inesperada entre la marca y un recuerdo familiar. Algo parecido ocurre cuando uno observa las colecciones actuales de Chanel: las piezas nuevas dialogan con la memoria de lo que la casa ha sido durante décadas.
También recuerdo la primera vez que compré mi primer bolso de Chanel en la tienda de París. Salí de allí con una emoción difícil de explicar, con esa sensación de haber vivido un pequeño momento de felicidad.
Quizás ahí está la verdadera fuerza de Chanel: su capacidad para conectar generaciones, recuerdos y emociones a través de objetos que terminan formando parte de nuestras propias historias.






