La idea tiene algo de chiste privado del universo: tú, en España, pensando en luces del Ártico. Pero aquí estamos. Las auroras boreales en España no son lo normal, pero cuando el Sol se pone creativo —y la Tierra está en el lugar adecuado—, el mapa se estira y la noche se vuelve noticia.
AURORAS EN ESPAÑA AHORA
El origen de todo esto está a 150 millones de kilómetros y tiene nombre de rutina: actividad solar. En los últimos días se han registrado llamaradas potentes en una región activa del Sol que los servicios de meteorología espacial llevan siguiendo con lupa. En la práctica, una llamarada es un fogonazo de radiación; lo interesante (para cazar auroras) es si viene acompañada de una eyección de masa coronal (CME), una nube de partículas que, si llega a la Tierra y “encaja” con nuestro campo magnético, puede provocar una tormenta geomagnética.
El matiz es importante: no toda llamarada implica CME, y no toda CME llega bien orientada. Por eso, la frase “podría verse” es la más honesta: la meteorología espacial también vive de probabilidades, no de promesas.

QUÉ DICE LA PREVISIÓN Y QUÉ SIGNIFICA “G1”
Los avisos oficiales se mueven en escalas. La NOAA (el centro de predicción de meteorología espacial de EE. UU.) ha emitido un watch de tormenta geomagnética G1 (menor) para estos días, con ventanas que apuntan a actividad suficiente como para que el fenómeno se note en latitudes altas —y, con suerte, se estire un poco más en noches muy favorables.
En paralelo, su previsión a 3 días sitúa el máximo esperado del índice Kp alrededor de 5 (nivel G1) en el tramo central de la semana, señal de un episodio moderado: no es “apocalipsis solar”, pero sí el tipo de situación que hace que el cielo se ponga interesante para los aficionados.
Y un dato que ayuda a entender el clima (el del espacio): en los boletines recientes se ha hablado de radio blackouts (apagones de radio) observados y de que las tormentas G1 son probables en las próximas 24 horas en determinados momentos.
Traducción a lenguaje humano: hay papeletas, pero no hay contrato.
DÓNDE HAY MÁS OPCIONES EN ESPAÑA
Si algo llegara a asomarse, España no se reparte igual las probabilidades. Cuanto más al norte, mejor. En general, tienen más opciones:
Norte y noroeste
Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco suelen estar en la lista por latitud… aunque a veces también están en la lista por nubes (y esa es otra batalla).
Pirineos y zonas altas
Navarra, Aragón y Cataluña, especialmente en áreas elevadas y con horizonte limpio hacia el norte. La altura no “crea” auroras, pero reduce bruma y mejora visibilidad.
Lugares oscuros (la clave silenciosa)
El enemigo íntimo no es el Sol, es el farol. Busca cielos con poca contaminación lumínica: miradores alejados de ciudades, zonas rurales, parques naturales. Y si puedes ver la Vía Láctea a simple vista, vas por buen camino.
CUÁNDO MIRAR Y CÓMO NO ARRUINARTE LA NOCHE
Aquí viene lo menos romántico: además del Sol, manda el tiempo. Y en España, estos días, el pronóstico apunta a una semana marcada por borrascas atlánticas y nubosidad en buena parte del país, especialmente en varias jornadas del arranque de febrero.
Aun así, si quieres intentarlo:
Horas con más sentido
- Desde el anochecer hasta la madrugada, con especial atención a las horas cercanas a medianoche (cuando el cielo ya está oscuro y el ojo se adapta).
- Si puedes, revisa actualizaciones del Kp y avisos: la situación puede cambiar en cuestión de horas.
Lo que verás (si lo ves)
No esperes el póster de Islandia. En latitudes como la nuestra, muchas veces la aurora aparece como un resplandor tenue, verdoso o rojizo, fácil de confundir con bruma… hasta que la cámara lo delata.
La “trampa” buena: el móvil
- Modo noche / larga exposición
- Trípode (o una piedra, con dignidad)
- Disparos hacia el norte y paciencia
Porque sí: a veces la aurora se ve mejor en la foto que en el ojo.
UN ESPECTÁCULO IMPERFECTO (Y POR ESO TAN HUMANO)
La noticia, en el fondo, no es solo que haya posibles auroras boreales en España. Es que, por un rato, nos obliga a mirar hacia arriba sin utilidad inmediata. Un fenómeno que depende de partículas, campos magnéticos y azar meteorológico termina convirtiéndose en una pequeña tregua: la noche como lugar de encuentro, aunque sea con guantes, café y la sospecha de que quizás hoy tampoco.
Y aun así, salimos. Porque a veces la vida va de eso: apostar por un cielo que “podría”.









