Las Musas es un espacio de singular belleza, inmerso en el bosque nativo, donde naturaleza y cultura conviven en equilibrio. Un entorno que invita a la contemplación y al encuentro, y que se ha convertido en un punto de referencia para prácticas creativas vinculadas al diseño, al arte y a la cultura contemporánea. Aquí, el paisaje no funciona como telón de fondo, sino como un elemento activo que dialoga con cada propuesta.
Conocí a Ana Livni y Fernando Escuder en una feria de arte. Su presencia, marcada por un estilismo coherente y preciso, captó de inmediato mi atención. Había en ellos una armonía silenciosa entre cuerpo, color y materialidad que despertaba curiosidad. Ese primer encuentro fue el punto de partida para adentrarme en su universo creativo y comprender desde dónde construyen su lenguaje.
El trabajo de Ana Livni se sostiene sobre una filosofía de diseño profundamente consciente, donde el textil ocupa un rol central. Las tramas, los materiales y, especialmente, el color, funcionan como un lenguaje propio. El color aparece como emoción y como estado, en diálogo constante con el entorno natural. Cada pieza remite más a una obra exhibida en una galería que a un objeto sujeto a lo inmediato o lo pasajero.












Junto a Fernando, Ana desarrolla una práctica asociada al slow fashion, entendida como una forma de creación sin urgencias, donde menos es más y donde cada diseño está pensado para perdurar. Desde Uruguay, ya en 2005, comenzaron a construir este enfoque, mucho antes de que fuera ampliamente nombrado, apostando por una manera de crear sostenida en el tiempo. Su trabajo es también una postura cultural: generar una identidad de diseño local, no global, vinculada al territorio, al campo, a los ovinos y su lana, y a los hábitos y saberes del lugar donde crean y producen.
En este contexto se presentó en Las Musas De Ikigai a Aurora, un proyecto performático concebido específicamente para este entorno. La propuesta se activó como instalación visual y como performance en distintos momentos, con los artistas inmersos en el bosque nativo. El espacio natural condicionó los recorridos, la luz y la experiencia perceptiva del público, integrándose de manera orgánica a la obra.
La experiencia se desplegó en tres instancias. La primera, atravesada por el color, dialogó con la instalación previa de Adela Casacuberta, que ya había transformado el espacio y fue parte fundamental de la concepción general. La segunda propuso un clima más onírico y contenido, con trajes oscuros y la presencia del jo, el bastón japonés, como extensión del cuerpo. La última instancia se abrió a una energía más expansiva: sedas teñidas en verde esmeralda y una danza intensa que cerró el recorrido con fuerza vital.
Adentrarme en el universo creativo de Ana Livni y Fernando Escuder fue descubrir una manera de crear donde el diseño se entiende como un acto cultural. Una práctica que propone otra relación con el tiempo, con los materiales y con el territorio, y que encuentra en espacios como Las Musas un marco afín para desplegarse.
Cuando el diseño se acerca al arte, deja de responder a lo efímero y comienza a construir sentido.






