Un taxi en el aeropuerto

Taxi negro en el aeropuerto de Heathrow con pasajeros y equipaje

Leo con algo de asombro y mucha envidia que el premio de la Euromillones, la Bonoloto o la Primitiva (o cualquiera de esos “lotos” que se confunden en la conversación) ha sido sellado en España y que un buen señor —o una buena señora— ha resultado ganador de 56 millones de euros.

¿Qué hacer con tanto dinero de golpe? Como en un anuncio de hace unos años, donde una pareja se preguntaba, después de recibir un súper premio: “¿Y ahora qué hacemos?”, decía ella. “Lo que queramos”, decía él.

Podría comprar una casa mediana en Mallorca, algún coche de alta gama e, incluso, viajar.

Qué diferencia con aquel que tiene dinero; y cuando hablo de dinero, me refiero a la máxima cantidad: la de un gran premio cada mes. Este tipo de señores (suelen ser señores) hacen cosas como la de la siguiente historia:

Era un hombre que, por trabajo, vivía entre España e Inglaterra. Su casa, en pleno centro de Londres, era magnífica: siete habitaciones, cinco cuartos de baño, tres chimeneas, cuatro personas de servicio y un mayordomo. Solo tenía una pega: por la nueva normativa de circulación de la ciudad, no podía acceder con su propio coche a la vivienda cada vez que venía desde el aeropuerto de Heathrow.

La solución era sencilla: comprar una licencia de taxi solo para él y tener el vehículo esperándolo en el aeropuerto para recogerlo y llevarlo hasta su casa.

Nada como el dinero y la estupidez humana.