Presión humana al límite: qué dice de verdad el IPH en Baleares

El índice de presión humana (IPH) en Baleares no para de crecer desde el fin de la pandemia y ya supera el 1,19 millones de personas de media, un 2 % más que el año anterior. Este indicador mide cuántas personas están realmente en las islas cada día (residentes, turistas, desplazados) y se ha convertido en la pieza que explica casi todo: consumo de agua, generación de residuos, presión sobre vivienda, transporte y servicios públicos. Entender el IPH es básico para hablar en serio de sostenibilidad y de futuro.
El índice de presión humana es un indicador que suma cuántas personas están físicamente en Baleares

El índice de presión humana es un indicador que suma cuántas personas están físicamente en Baleares en un momento dado: residentes empadronados, turistas, trabajadores desplazados, segundas residencias ocupadas, cruceristas… No se limita a contar habitantes, sino presencia real diaria.

Informes recientes, como el de la Fundació Mallorca Preservation, sitúan el IPH medio de Mallorca en torno a 1.191.000 personas, con un aumento cercano al 2 % respecto al año anterior. No es solo una cifra abstracta: detrás hay agua que se consume, residuos que se generan y servicios públicos que se tensionan.

Cuanto más sube el IPH, mayor es la presión sobre un territorio limitado como unas islas.

POR QUÉ IMPORTA TANTO EN BALEARES

MÁS GENTE, MÁS CONSUMO DE AGUA Y ENERGÍA

El informe de sostenibilidad de Mallorca subraya que el 64,4 % del agua consumida procede del subsuelo y más de la mitad de los acuíferos están en mal estado por contaminación y salinización, en buena parte por un consumo que ha crecido un 5,5 % en un solo año.

A esto se suma un aumento constante de la demanda eléctrica, con avances en renovables pero todavía insuficientes. Cada punto extra de IPH implica más duchas, más piscinas, más riego, más aire acondicionado. En un sistema ya tensionado, el margen de maniobra se reduce.

RESIDUOS, MAR Y TERRITORIO

El mismo informe cifra en 540,2 kilos de residuos por persona y año la generación en Mallorca, con casi un 80 % de fracción de rechazo, es decir, residuos que no se reciclan.

En paralelo, se advierte de que la calidad de las aguas de baño ha empeorado (del 90 % de zonas “excelentes” en 2019 a alrededor del 70 % actual) y que el mar de superficie alcanzó los 30 ºC antes de julio.

Más gente significa también más presión sobre el litoral, más embarcaciones, más tráfico y más ocupación de espacios naturales.

VIVIENDA Y SERVICIOS PÚBLICOS

Un IPH al alza no es solo un tema ecológico. Supone:

  • Más demanda de vivienda, con precios al alza y dificultad para residentes.
  • Más carga para sanidad y educación, con listas de espera e infraestructuras que van por detrás.
  • Más presión sobre movilidad y transporte, tanto público como privado.

La propia fundación advierte de que, si no se integra el IPH en la planificación, el modelo puede volverse “preocupante”.

CÓMO SE PODRÍA USAR EL IPH PARA PLANIFICAR MEJOR

UN INDICADOR PARA DECIDIR CUÁNTO CRECER

El IPH permite hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hasta dónde pueden crecer Baleares sin perder calidad de vida y sin degradar su entorno?

Integrar el IPH en las decisiones clave significaría:

  • Condicionar nuevos desarrollos urbanísticos y capacidades hoteleras a la presión real.
  • Ajustar inversiones en agua, depuración, energía y transporte al número de personas que hay en temporada alta y en temporada “baja”, cada vez menos baja.
  • Debatir con datos sobre límites a cruceros, plazas turísticas o grandes eventos.

DES-ESTACIONALIZAR NO ES SOLO ALARGAR LA TEMPORADA

Los datos muestran que la desestacionalización ya está ocurriendo: la temporada turística abarca más meses y, aun así, en pleno verano el IPH sigue marcando máximos históricos.

Si desestacionalizar solo significa “estar llenos más meses”, el resultado es presión sostenida todo el año, con impacto directo en residentes y en ecosistemas. Una desestacionalización inteligente debería pivotar hacia:

  • Actividades de menor impacto por persona (cultura, deporte, naturaleza)
  • Reparto territorial de flujos.
  • Límites claros en los momentos de saturación.

DEL DATO A LA CONVERSACIÓN SOCIAL

El IPH se está convirtiendo en la cifra que resume el gran debate de Baleares: cómo compatibilizar una economía basada en el turismo con la vida de quienes viven todo el año en las islas y con la salud del territorio.

No es una amenaza en sí misma, pero sí una alerta: cada escalón que sube el índice obliga a preguntarse qué se gana y qué se pierde. Si no entra en la agenda política y social, se corre el riesgo de llegar tarde.

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