El turrón es el rey de la sobremesa navideña, pero hay un abismo entre el bloque industrial de supermercado y una barra de turrón artesano elaborada con almendra mallorquina. Este 2025, la repostería tradicional vive un renacimiento. Recorremos los hornos y pastelerías de la isla que siguen utilizando la piedra para moler, el fuego de leña y el cariño de generaciones para crear joyas gastronómicas que son, en sí mismas, un regalo.
En una tierra donde la almendra es el símbolo del paisaje, el turrón debería ser considerado un monumento nacional. Sin embargo, a menudo llenamos nuestras bandejas de productos ultraprocesados que vienen de lejos.
Hoy, viernes 12, te invitamos a cambiar el chip. Un buen turrón artesano de Mallorca no es solo comida; es cultura. Si quieres que tus invitados se queden con la boca abierta estas fiestas, tienes que visitar estos templos del dulce.
1. FORN DE LA SOCA (PALMA): ARQUEOLOGÍA GASTRONÓMICA


Tomeu Arbona ha recuperado recetas que estaban a punto de desaparecer. En Navidad, sus turrones destacan claramente y se convierten en una propuesta distinta. Entre sus creaciones más apreciadas sobresale el de agua de rosas con granada.
También ofrece una interpretación propia de la coca de torró, inspirada en la versión tradicional que se preparaba en Sóller, donde la naranja es un ingrediente clave.
Otra de sus elaboraciones es el pez de pasta real, un postre ligado históricamente a familias nobles, ya que se horneaba en un molde con forma de pescado. Arbona señala que “se trata de una receta de origen judío que en muchos conventos también se hacía como obsequio para la familia de la novicia cuando ingresaba y tomaba los hábitos”. Según detalla, consiste en una especie de mazapán montado por capas, con almendra, mermelada de naranja o ciruela, bizcocho empapado en vino rancio, yema y chocolate.
- Lo que debes probar: Su Turrón de Reina, una joya histórica, o el de crema quemada. Utilizan almendra mallorquina de variedades antiguas, lo que les da un sabor profundo y una textura que no encontrarás en ningún otro sitio.
2. PASTELERÍA POMAR (PALMA Y CAMPOS): LA TRADICIÓN FAMILIAR
Otra de las pastelerías mallorquinas que mantiene elaboración propia y artesanal y que en Navidad recibe a muchos clientes de la isla es Pomar, un negocio con historia: fue fundada en 1902 por el bisabuelo del actual propietario, Matías Pomar.




El año pasado falleció el padre de Matías, también pastelero, y en septiembre fue reconocido a título póstumo con la Medalla de Oro del Consell Balear como mejor pastelero. La pastelería ya había obtenido la misma distinción en 2024.
La producción de turrones arranca a mediados de noviembre y se mantiene hasta el 24 de diciembre, momento en el que se detiene porque, a partir de esas fechas, la demanda desciende. Es entonces cuando el obrador cambia el foco y se vuelca en la preparación de los roscones de Reyes.
Antaño en Mallorca: los dulces típicos de Navidad se centraban en la coca de torró y la coca de patata, un bollo grande y redondo que la familia solía mojar en chocolate caliente.
- Lo que debes probar: El turrón de yema tostada es su buque insignia, pero no te pierdas sus innovaciones de cada año, que combinan chocolate de alta gama con frutos secos locales.
3. MAÜA (PALMA): MÁS QUE CHOCOLATE




En Maüa elaboran bombones artesanos y, cuando llega septiembre u octubre, comienza el largo trabajo de preparar el chocolate con el que harán sus turrones. En este caso, lo artesanal no se limita solo al chocolate: también lo son todas las inclusiones y ingredientes que se incorporan después. Eso implica tareas muy cuidadosas, como pelar y tostar almendras, avellanas o pistachos, o bien caramelizar frutas y aromas como la naranja, el limón o el jengibre.
Para quienes sienten debilidad por el cacao, el trufado es casi una parada obligatoria. Aun así, el abanico de sabores es amplio y merece explorarse con opciones como el praliné de fruta de la pasión, el de limón, pistacho y chocolate blanco, el de avellana con naranja y almendra, o incluso el de brandy.
- Lo que debes probar: El turrón de ensaimada, con trozos de este dulce tan propio de la isla; el de neula (unos barquillos tradicionales que se consumen en Navidad en Cataluña, Baleares y el Levante); y, como novedad de este año, el turrón creado junto al chef mallorquín Santi Taura, cuya receta combina leche merengada, membrillo y cafés..
4. PASTELERÍA LLUÍS PÉREZ (PALMA): EL TOQUE DE AUTOR



Para quienes buscan algo moderno y sofisticado.
- Lo que debes probar: Turrones con combinaciones audaces: chocolate con flor de sal de Es Trenc, cítricos de Sóller o incluso toques de sobrasada para los más valientes. Es el turrón convertido en joya de diseño.
5. FORN FONDO: EL SABOR MALLORQUÍN
Pau Llull y su hermana Neus, representantes de la cuarta generación familiar, están hoy al frente del negocio que fundaron sus bisabuelos, Jaime Llull Gelabert y Francisca Cañellas Pons.
Cuando llega la Navidad, el protagonismo se lo llevan los turrones, elaborados de manera artesanal y con materias primas de primera, en la misma línea de calidad que caracteriza a este horno; y, muy especialmente, sus bombones. En cuanto a la coca de torró —dos obleas que tradicionalmente encierran turrón blando o duro—, aquí tiene un sello propio: se rellena con mazapán preparado con almendras, limón, canela y azúcar.
- Lo que debes probar: el turrón blando de Forn Fondo llegó a obtener hace años el premio al mejor turrón de Mallorca, aunque la oferta no se queda ahí: también cuentan con variedades como el de yema y el de nata con nueces. Y para conmemorar el centenario de la pastelería, celebrado en 2021, crearon una pieza especial: el “Centenario”, un turrón de chocolate negro con Peta Zetas.


¿CÓMO DISTINGUIR UN TURRÓN ARTESANO REAL?
- La Almendra: Debe ser el ingrediente principal (mínimo 60-70%). En Mallorca, si es variedad Majorica, mejor.
- La Textura: El artesano no es uniforme. El de yema quemada debe tener la costra de azúcar crujiente y el interior tierno. El duro debe romper con un chasquido limpio.
- El Precio: Un turrón artesano de 300g suele rondar los 12€ – 18€. Es más caro que el industrial, sí, pero comes menos cantidad y disfrutas el triple. Es un producto de lujo para momentos especiales.
Este año, haz que tu sobremesa cuente una historia. Elige artesanía, elige Mallorca.









